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¿se te duermen las manos?

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Haz este experimento si se te duermen las manos

En cuanto llevas 20 ó 30 minutos de ruta se te empiezan a dormir las manos y tienes que ir continuamente levantándolas y moviéndolas para evitar perder la sensibilidad. ¿A qué puede ser debido?

 

 

Duermen

Lo más probable es que estés cargando demasiado peso sobre las manos, es decir, que tu centro de gravedad está demasiado adelantado, y por lo tanto, un porcentaje demasiado elevado de tu peso corporal recae sobre las manos. Para reducirlo, puedes trabajar en dos direcciones.

Retrasar y bajar ligeramente el sillín.

Subir la posición de las manos

Puedes medir la diferencia de altura que hay entre el sillín y el manillar. Para ello, lo más sencillo es medir desde el puño hasta el suelo y desde el centro del sillín hasta el suelo. Y ver la diferencia que hay entre ellas. Unos valores que podrían servirte de referencia aproximada serían estos:

Si mides menos de 170 cm, el manillar (Timon) debe estar al mismo nivel que el sillín o ligeramente por encima (20-30mm).

Si mides entre 170 y 180 cm, el manillar (Timon) debe estar o a nivel del sillín o 20-30 mm por debajo.

Si mides más de 180 cm, el manillar (Timon) no debe estar más de 40-50 mm por debajo del sillín.

Retrasar el sillín sobre los raíles es una operación sencilla y efectiva. Debes conseguir que el 60-65% de tu peso recaiga sobre el sillín. Y el 35-40% restante sobre las manos.

Puedes hacer el siguiente experimento:.

Pon la bici nivelada sobre un rodillo y mientras pedaleas, sin levantar el tronco, prueba a soltar las manos del manillar (Timon)Si no aguantas más de 3 ó 4 segundos y te caes hacia delante es que necesitas retrasar el sillín un poco más.  Si no tiemes rodillo puedes hacerlo en marcha, pero es un poco arriesgado si no tienes dominio para ir sin manos.

Subir el manillar es fácil realizando los siguientes ajustes: añadiendo espaciadores entre la potencia (codo) y el cuadro (Marco), poniendo una potencia con más inclinación positiva y más corta y poniendo un manillar (Timon) de doble altura. Usar cuernos puede ayudar para ir cambiando la posición de las manos. Y por supuesto, unos buenos guantes…

 

Otras causas del adormecimiento de dedos y manos

Puede que estés pensando:

“Vale Carlos, ya tengo los guantes y el puño acolchado y se me siguen durmiendo los dedos, ¿ahora qué?”

Si todavía persiste la dolencia, a pesar de haber cambiado los puños, puedes seguir esta serie de recomendaciones para terminar definitivamente con el problema.

1. Comprueba la posición de las manetas de freno

Uno de los motivos que agrava el problema es la posición de la muñeca en el manillar. Si llevas las manetas de freno demasiado “altas”, tu muñeca tendrá que doblarse excesivamente cada vez que frenes, esta postura forzada hará que tu nervio quede más expuesto y por lo tanto se acentúe la dolencia.

2. Coloca un manillar de mariposa

El manillar de mariposa esta pensado especialmente para el cicloturismo ya que permite ir cambiando de posición, lo que a su vez hará que no cargues demasiado tus muñecas y vayas descansando al ir cambiando de postura. Aunque yo personalmente no llevo este manillar es posible que tarde o temprano acabe colocándolo. Puedes hacerte una idea de los precios que ronda un manillar de mariposa en este enlace.

3. Coloca acoples de manillar (Timon)

Los acoples de manillar, también conocidos como “cuernos” son el paso intermedio entre el manillar convencional y el de mariposa, con la ventaja de que causan menos impacto en el aspecto de la bici. También te permiten variar la postura de las manos y “descansar” las muñecas. Es la solución que yo uso de momento y es algo más económica que el manillar de mariposa.

4. Cambia la suspensión.

Llevar una suspensión delantera amortiguara muchísimo el impacto de las vibraciones que se transmiten de la rueda a tu muñeca y por lo tanto a los nervios. La suspensión es uno de los componentes más caros de la bicicleta y es una compra que hay que elegir bien, así que es muy probable que le dediquemos una entrada completa en el futuro.

5. Comprueba la posición del sillín y la talla de la bicicleta

Si después de todas las recomendaciones anteriores todavía se te duermen los dedos y las manos es muy probable que se deba a que tienes una bici de tamaño inadecuado o que llevas el sillín mal ajustado o inclinado hacia delante. Compruébalo.

¿Qué hacer para recuperar la normalidad?

La sensación de dedos dormidos puedo durar varios días y a veces es un auténtico coñazo. Para acelerar la recuperación del nervio lo mejor es seguir las siguientes indicaciones. No somos médicos por lo que te recomendamos que si vas a tomar medicación lo consultes con tu médico.

-No coger la bici y guardar reposo (obvio, no?)

Baños de contraste: Sumergiendo la mano afectada alternativamente en agua muy fría y muy caliente.

Anti-inflamatorios: Como hemos dicho, no somos médicos. Si vas a tomar medicación consúltalo con tu médico.

Si el problema persiste más allá de dos o tres semanas te recomiendo que acudas a un médico o a un fisioterapeuta ya que es probable que el problema se deba a molestias cervicales y con los ejercicios adecuados y trabajando con estiramientos globales puedes lograr una mejoría mucho más rápidamente.

Por lo demás no te preocupes, es una dolencia totalmente normal y normalmente no es grave. Seguramente recuperarás la sensación normal a los pocos días de reposo. Recuerda cambiar los puños y no tendrás que preocuparte más. Si tienes algún remedio casero personal secreto que quieras compartir con el resto de la comunidad de alforjeros no dudes en dejarnos un comentario.  Nos vemos en la ruta!

fuente: http://www.mountainbike.es/ - http://conalforjas.com

 

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TRABAJO

 

 

¿TE CHILLAN LOS FRENOS?

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Se trata de un mal muy común y que no parece tener una solución muy clara. Proponemos hacer un descarte antes de entrar en elocubraciones.

 

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Cuando nuestros frenos son todo lo contrario de la discreción, primero hay que hacerse una pregunta importante: ¿hemos realizado el rodaje de los frenos convenientemente? En muchas ocasiones, lo usuarios cambian una y otra vez de pastillas y discos y el problema persiste, simplemente porque no hacen correctamente el rodaje. Durante los primeros kilómetros tras sacar la bici de la tienda o cambiar pastillas y/o discos hay que realizar frenadas progresivas y prolongadas, por ejemplo, alcanzando los 25-30 km/h y luego comenzar a frenar suavemente, cada vez con más presión hasta parar. Esta operación hay que realizarla de forma seguida unas 10 veces con cada rueda. De esta manera el desgaste inicial de disco y pastillas es por igual. De no hacerlo así, es decir, si hacemos frenadas repentinas y potentes, se crean escalones en las superficies de contacto que posteriormente se transforman en vibraciones y ruidos. Recuerda que el rodaje de los frenos de disco es conveniente realizarlo independientemente de la marca y modelo del freno.

 

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Tamaño Correcto de los Frenos.

 

Los frenos de disco vienen en varios tamaños medidos en milímetros. Los tamaños más comunes son de 150 mm, aproximadamente 6 pulgadas, que es una de las versiones más pequeñas, 160 mm, 185 mm y 203 mm. El tamaño común más grande es de 203 mm, que es de 8 pulgadas. Las dimensiones del freno a disco se refiere al tamaño del rotor, que es el disco en el sistema de disco de frenado. El cuadro de la bicicleta y el diámetro del rotor deben ser compatibles, pero pueden tener alguna variación en tamaño, siempre y cuando el buje del disco específico sea compatible con el rotor.

Bicicletas de montaña

Los frenos a disco se utilizan a menudo en bicicletas de montaña, ya que no se ven afectados por el agua o el barro. Se obtienen mejores resultados en terreno accidentado y otras condiciones extremas de carretera ya que se encuentran en el centro de la rueda y no en el borde. La desventaja de los frenos a disco es que son más pesados ​​que los frenos de bordes o frenos en forma de "V". Los frenos de disco son también más caros. La mayoría de los ciclistas de montaña prefiere tamaños más grandes, ya que ofrecen más potencia durante el frenado. Esto es importante para pistas empinadas de esquí alpino y para el entrenamiento adicional del sistemas de frenado que se puede lograr en terreno montañoso. Los tamaños de frenos de disco para bicicletas de montañas funcionan típicamente a unos 203 mm. El calor se dispersa más fácil en los rotores de discos grandes de bicicletas para montaña debido a la mayor capacidad de calor, lo que ayuda a prevenir el fallo en los frenos.

Bicicletas de carretera

Los frenos de disco para bicicletas de carretera, o campo traviesa, son más pequeños que los frenos de disco de bicicleta de montaña. Todavía necesitan el rendimiento y la potencia del frenado adicional, pero utilizan el tamaño intermedio para un peso más ligero. El disco del freno de las bicicletas de campo traviesa están en el rango de los 160 mm en la rueda delantera y un disco de freno más pequeño en la rueda trasera. Por regla general, los tamaños de los discos delanteros son más grandes en el neumático delantero, ya que hace la mayor parte del trabajo.

Bicicletas de ruta

Las bicicletas de carretera, también llamadas bicicletas de carreras, no usan los frenos a disco. La principal razón se debe a que los frenos a discos no son legales para los eventos de pruebas de rutas UCI sancionados o ciclocross, de acuerdo con "Road Bike Action Magazine". La otra razón principal se debe a que los frenos a disco son aún más pesados, a partir de 2011, los frenos de llanta y los pesos adicionales frenan al corredor.

 

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Pulsómetros para todos!

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pulsometros para todos

 

Los Monitores de Ritmo Cardiaco (MRC), popularmente conocidos como pulsómetros y científicamente como cardiofrecuencímetros, son en la actualidad un elemento necesario para llevar a cabo una actividad deportiva controlada y sin sobresaltos. Además de mostrarnos, en tiempo real, cuál es nuestra frecuencia cardiaca, nos servirán para establecer las zonas de entrenamiento, dosificar mejor la energía  y evitar caer en hipoglucemias (pájaras) por estar trabajando en ritmos cardiacos inadecuados.

El corazón es un gran músculo que se contrae más de 80.000 veces al día. De su correcto funcionamiento depende tanto la vida como nuestro buen rendimiento físico ya que, a lo largo de una jornada deportiva, funciona a modo de bomba que impulsa unas 13 toneladas de sangre a través de nuestro complejo sistema vascular, haciendo llegar este fluido vital hasta todos nuestros órganos. Todas las acciones y estímulos que soportamos hacen variar el ritmo cardiaco y, si éste lo podemos visionar, dispondremos de muy buena información para adelantarnos a muchos acontecimientos.

El ritmo cardiaco

Los jóvenes y personas sedentarias, al tener menos desarrollado su sistema vascular, poseen un mayor índice de pulsaciones mientras que los deportistas de disciplinas de fondo (ciclismo, maratón, marcha...) logran rebajar el pulso hasta cifras insignificantes. Un ciclista medianamente entrenado puede hacer latir su corazón por debajo de las 50 pulsaciones por minuto cuando está en reposo, en cambio, un individuo poco activo llega con facilidad a superar las 70.

El ritmo cardiaco se altera por el ejercicio físico, por la actividad nerviosa intensa, por padecer enfermedades infecciosas y al someternos a temperaturas extremas.

Cómo funciona un pulsómetro

Los pulsómetros son aparatos concebidos para detectar los latidos que tiene el corazón y mostrarnos su frecuencia por minuto.

El corazón es un músculo alojado en el tórax, bajo el esternón, que funciona controlado por el sistema nervioso central mediante contracciones y relajaciones periódicas que permiten que se mueva la sangre a través de nuestro sistema circulatorio. Para que estas contracciones se produzcan un grupo de células nerviosas, alojadas en la aurícula derecha, producen un estímulo de forma regular. Este desencadenante se podría comparar con una pequeña descarga eléctrica y está provocado por una reacción química al intercambiarse el sodio y el potasio existentes en las membranas celulares. Cuando el músculo cardiaco recibe esta señal eléctrica todas sus células se contraen.

Precisamente la detección de esta señal eléctrica es la que se recoge en los electrodos de un pulsómetro.

LO ESENCIAL DEL PULSÓMETRO

Hasta hace pocos años los Medidores de Ritmo Cardiaco (MRCs o pulsómetros) eran material de uso exclusivo en laboratorios; sólo los médicos o investigadores estaban capacitados para controlar la condición cardiovascular de algunos atletas. Hoy en día estos aparatos han evolucionado tanto que se pueden transportar en la muñeca, como si de un reloj vulgar se tratase, y su uso es tan sencillo que están al alcance de cualquier tipo de usuario.

¿Dónde se capta mejor el pulso cardiaco?

Cuando queremos captar el impulso eléctrico que produce la contracción del músculo cardiaco, podemos poner los electrodos en diversos puntos de la piel que nos cubre aunque, lo más sensato, es situarlos en la zona inferior de los músculos pectorales, aproximadamente a la altura del quinto espacio intercostal, obteniendo así una señal con gran intensidad.

¿Cómo instalar correctamente la correa pectoral que porta el electrodo?

Para que la transmisión eléctrica sea buena es necesario que la piel sobre la que se coloca el electrodo esté húmeda, de lo contrario el aparato medirá señales confusas o muy variables.

La piel se puede humedecer con agua, saliva o con soluciones salinas específicas; antes de que se llegue a secar, el sudor provocado por el ejercicio físico, mantendrá el grado idóneo de humedad.

¿Y el pulsómetro?

En la célula captora, además del electrodo, hay instalada una batería y un sistema electrónico amplificador de ondas electromagnéticas que hacen posible el envío de la señal del pulso hasta el monitor cardiaco (pulsómetro). Para que esta señal electromagnética, de baja intensidad, pueda ser recibida correctamente por el pulsómetro, la distancia relativa al electrodo no debe ser elevada (en torno a 1 metro) ya que, de lo contrario, la medición puede ser errónea o verse afectada por otros campos magnéticos cercanos (otro pulsómetro, líneas eléctricas, teléfonos móviles...).

Ciclismo: un deporte exigente

El ciclismo es uno de los deportes más difíciles de controlar, de forma objetiva, si no conocemos cuál es la frecuencia cardiaca. A factores tan elementales como la intensidad del ejercicio, la resistencia a la rodadura, la fuerza de la gravedad o la resistencia aerodinámica, que modifican las pulsaciones, debemos sumarle otras variables que, involuntariamente, también pueden disparar el ritmo cardiaco.

La cadencia de pedaleo

Podemos rodar a 35 km/h con un plato de 52 dientes y un piñón de 13, o con un plato de 42 y un piñón de 12, o con un plato de 50 y un piñón de 14, o con.... las posibilidades son ilimitadas. Pero debemos tener presente que no todos los desarrollos tienen la misma repercusión sobre nuestro ritmo cardiaco. Si partimos de la base que la velocidad siempre es constante queda claro que la única variable entonces es la cadencia de pedaleo.  Cuando hacemos girar los pedales, a plena carga en diferentes velocidades, obtenemos ritmos cardiacos muy dispares y, en ningún método de entrenamiento, se puede ignorar este factor.

El perfil de la ruta

El entrenamiento se debe comenzar con una intensidad media/baja y un ritmo constante; sólo así lograremos estabilizar los latidos del corazón. Esto sería muy fácil de llevar a la práctica en un circuito completamente horizontal, opción poco realista para la inmensa mayoría de los practicantes activos del ciclismo.

Cuando pedaleamos en llano no tenemos ningún problema para mantener una frecuencia cardiaca estable pero, cada vez que nos enfrentamos a una pendiente, realizamos varios cambios de desarrollo que varían nuestra cadencia y alborotan el ritmo cardiaco.

La mayoría de los ciclistas, pecando de cautos, seleccionan un ritmo cómodo para la ascensión y, sin darse cuenta, rebajan el ritmo cardiaco en un porcentaje muy importante. Cuando, de nuevo las condiciones son favorables para el pedaleo, nuestro organismo no responde fácilmente a nuestras exigencias y sufrimos alteraciones fisiológicas importantes hasta que recobramos el ritmo correcto de entrenamiento.

La posición sobre la bicicleta

¿Sabes lo que le ocurre a nuestro ritmo cardiaco cuando, después de haber pedaleado durante varios kilómetros sentados, nos ponemos de pié sobre los pedales?. ¿Crees que el corazón late de la misma forma cuando nos cogemos a la barra horizontal del manillar que cuando adoptamos una postura más aerodinámica apoyándonos sobre sus extremos? Dependiendo de nuestra postura sobre la bicicleta hacemos trabajar a grupos musculares concretos y conseguimos un determinado grado de ventilación pulmonar. Estas actitudes revolucionan el caudal sanguíneo que recorre nuestro cuerpo y su motor, el corazón, paga las consecuencias.

La meteorología

El hombre, físicamente, es un animal homeotermo, es decir; que para mantener sus constantes vitales necesita disponer de una temperatura constante en su organismo. Todos los recursos energéticos de los que disponemos están al servicio de nuestro metabolismo para conseguir que nuestra temperatura esté siempre en torno a los 37 grados centígrados.

Cuando pedaleamos con un clima excesivamente frío o cálido nuestro cuerpo debe trabajar para adaptar la temperatura corporal a estas eventualidades: entonces diversos mecanismos termorreguladores se ponen en marcha.

El órgano que más superficie ocupa de nuestro cuerpo es la piel y, cuando circulamos en bicicleta, está continuamente sometida al flujo de aire a diferente temperatura que la nuestra. Para mantener el equilibrio térmico cutáneo, el corazón debe enviar un caudal extra de sangre y así conseguir enfriar o calentar nuestro tejido externo. ¿Ya supones a costa de que?... ¡cierto!, elevando su ritmo.

¿Crees que serías capaz de controlar todos estos cambios fisiológicos, que podemos padecer en cualquier  jornada de entrenamiento, sin visualizar en todo momento tu ritmo cardiaco?

Las zonas de trabajo cardiaco

El corazón es un motor perfecto y, como tal, dispone de unos regímenes de funcionamiento específicos, en los que actúa de una forma determinante para lograr la condición física pretendida durante nuestras jornadas de entrenamiento. El Monitor del Ritmo Cardíaco alcanza en ese momento el calificativo de ?cuentarrevoluciones? y se convierte en la única herramienta capaz de guiarnos a través del camino correcto para mejorar nuestro rendimiento deportivo.

En un reportaje anterior os enseñábamos a calcular vuestro RCM (Ritmo Cardiaco Máximo); ahora es el momento de utilizar este dato.

Las 5 zonas cardiacas

Dependiendo de la edad, la condición física y otros factores como la climatología o la altura, cada uno disponemos de un ritmo cardiaco máximo (RCM) que no se debe sobrepasar cuando se realiza una actividad intensa. Una persona sedentaria puede averiguar su RCM restando la cifra de su edad al número 220: por ejemplo un individuo de 35 años tendrá un RCM de 185 pulsaciones por minuto (220-35=185). Un deportista puede conocer su RCM utilizando un pulsómetro y sometiéndose a diferentes pruebas de esfuerzo: una vez que se conoce la cifra del ritmo cardiaco máximo se pueden realizar jornadas de entrenamiento en 5 zonas diferentes, que se han generalizado como válidas para realizar el control de diferentes tipos de entrenamiento:

Zona de Actividad Moderada

(50-60% del RCM)

Esta es, probablemente, la zona cardiaca más importante de un entrenamiento y, sin embargo, una de las menos apreciadas. La mayoría de los deportistas se obcecan en visualizar cifras altas en sus MRC, olvidándose que, durante la Actividad Moderada, se optimiza el consumo de calorías procedentes de la grasa y se reducen las que obtenemos de los carbohidratos. Esta zona de ritmo cardiaco mejora notablemente nuestra capacidad de resistencia (fondo) sin precisar de una condición física determinada para llevarla a cabo.

Por poner un ejemplo, una persona que tenga un RCM de 185 (aprox. 35 años de edad) dispone de un ritmo cardiaco de Actividad Moderada en torno a las 95-111 pulsaciones por minuto.

Zona de Control de Peso

(60-70% del RCM)

Cuando pedaleamos a molinillo cómodamente con piñones grandes y la respiración comienza a acelerarse entramos en la zona cardiaca de Control de Peso. En realidad estamos en el límite de nuestra condición aeróbica y, ahora, el corazón trabaja lo suficientemente duro como para fortalecerse sin producirse ningún tipo de dolor muscular. La alerta energética se dispara y, además de consumir calorías procedentes del glucógeno, de las grasas y los carbohidratos presentes en nuestro aparato digestivo, comenzamos a quemar los depósitos de grasa que hay en nuestros tejidos.

Si nuestro RCM es de 185, como en el ejemplo anterior, la zona de Control de Peso corresponderá a un ritmo cardiaco de 111-130 pulsaciones por minuto.

Zona Aeróbica

(70-80% del RCM)

Cuando desarrollamos nuestro entrenamiento dentro de esta zona mejoramos tanto nuestra capacidad cardiaca como la respiratoria. La zona Aeróbica permite una mejor distribución de oxígeno en nuestras células musculares y una eliminación más rápida del dióxido de carbono de los músculos implicados en el ejercicio.

Con el ejercicio Aeróbico conseguimos en poco tiempo reducir los niveles de esfuerzo y optimizar nuestra respuesta ante una jornada estándar de entrenamiento. Podríamos afirmar que esta es la zona más importante si pretendemos mejorar nuestra condición física general.

A un RCM de 185 ppm, le corresponde una zona Aeróbica de 130-148 pulsaciones.

Zona de Umbral Anaeróbico

(80-90% del RCM)

Entrenando a este nivel habremos sobrepasado el límite aeróbico y estaremos desarrollando un trabajo muscular con la mínima cantidad de oxígeno.

Entrando en el Umbral Anaeróbico se consigue metabolizar el ácido láctico, pero sentiremos dolor ya que se producen acumulaciones de lactato en los músculos.

Respiración acelerada, músculos cansados, sudoración permanente, fatiga... son los inconvenientes de la zona de Umbral Anaeróbica; sus beneficios se traducen en una mejora de la resistencia ante ejercicios de gran intensidad y la rebaja del ritmo cardiaco en estado de reposo. Esto ya forma parte del entrenamiento de alto rendimiento.

Disponiendo de un RCM de 185, nuestra zona de Umbral Anaeróbica se sitúa entre las 148 y las 167 ppm.

Zona de Línea Roja

(90-100% del RCM)

En esta zona sólo deberán entrenarse las personas que se encuentren en perfecta forma física y su médico se lo aconseje. Estamos con la aguja en la "zona roja" del cuentarrevoluciones y esto se puede pagar con lesiones importantes si no lo hacemos correctamente.

En la Línea Roja no se consigue oxígeno suficiente para alimentar nuestras células y se produce mucho dolor y fatiga. Estas condiciones de entrenamiento sólo son comprensibles en los deportistas de alto nivel y, bajo ningún concepto, pueden formar parte de la rutina de un deportista ocasional.

Utilizando el mismo ejemplo de los supuestos anteriores estaríamos hablando de trabajar con el corazón a ritmos constantes de 167-185 pulsaciones por minuto.

Entrenando en el umbral anaeróbico

El punto de mayor intensidad cardiaca, donde se está produciendo ácido láctico pero todavía no llega a acumularse en la sangre, se denomina Umbral anaeróbico. Este ritmo corresponde al 80/90% de nuestra frecuencia cardiaca máxima y, al llegar a estos valores, estaremos desarrollando un trabajo muscular con la mínima cantidad de oxígeno.

Debemos tener presente que, el hecho de estar trabajando a este nivel de umbral anaeróbico o, incluso, por debajo de él, no significa que no haya producción de ácido láctico a nivel muscular; lo que sucede es que, manteniendo esta frecuencia cardiaca, nuestro organismo todavía tiene capacidad de neutralizarlo y eliminarlo en cantidad suficiente como para que no surja su acumulación progresiva.

Cuando un ciclista realiza entrenamientos o series de competición en la zona de intensidad del umbral anaeróbico también está desarrollando metabolismo láctico pero, al no acumularse en la sangre, se considera que todo el trabajo es aeróbico.

Los beneficios del umbral anaeróbico

Entrenar entre el 80 y el 90% de nuestra frecuencia cardiaca máxima puede ayudarnos a aumentar la velocidad y la tolerancia a la fabricación de ácido láctico, producto primario del desecho del metabolismo anaeróbico en los músculos.

En esta zona de trabajo cardiaco la respiración se acelera, los músculos se cansan, se produce dolor en espacios reducidos de tiempo... pero, a la larga, conseguimos rebajar el ritmo cardiaco en estado de reposo. Esta es la mejor señal de que estamos trabajando para fortalecer el corazón.

El control de los ejercicios de alta intensidad

El entrenamiento de alta intensidad no es recomendable para aquellas personas que sólo practiquen deporte ocasionalmente. Por el contrario, cualquier deportista profesional o aquéllos que realicen disciplinas de entrenamiento diario, deben realizar y controlar trabajos musculares en esta zona cardiaca para aprovechar sus beneficios.

Ese punto donde nuestros músculos están empezando a doler y a quemar por la fatiga no es en el que se esta produciendo ácido láctico masivamente pero, en cambio, sí entramos en el momento en el que nuestro metabolismo ya no puede librarse de él. Por tanto la zona del umbral anaeróbico es aquella en la que nuestro organismo produce lmayor cantidad de ácido láctico del que es capaz de eliminar. Es el punto nivelado de ruptura del esfuerzo del ejercicio, donde hay todavía suficiente oxígeno y suficiente ácido láctico como para que los dos permanezcan en equilibrio.

Sin la utilización de un pulsómetro es, materialmente imposible, controlar el entrenamiento en la zona de umbral anaeróbico. Además, nuestro monitor de ritmo cardiaco, debe tener las prestaciones mínimas que nos permitan acumular aquellos datos que tienen una gran relevancia para el seguimiento de cualquier jornada de entrenamiento.

Las condiciones especiales

Durante cualquier jornada de entrenamiento nuestro ritmo cardiaco responde a los cambios de temperatura, altitud, humedad o, incluso, a la dieta y al estado de salud que tengamos en ese momento.

Es de suponer que no podamos controlar, de manera voluntaria, estos factores variables que sumados a muchos otros, como pueden ser el estado anímico, la falta de horas de sueño o el estrés, alteran nuestras constantes vitales.

En estas condiciones el rendimiento de cualquier deportista puede decaer hasta límites insospechados; la historia reciente está ilustrada con muchos ejemplos de atletas famosos que se han venido abajo en plena competición sin motivos aparentes.

Si quisiéramos disponer de un cierto grado de control sobre todas estas variables que tanto afectan a nuestra fisiología sería necesario utilizar termómetros, altímetros, higrómetros... por no hablar de un psicólogo que vigilara nuestro estado emocional.

Por fortuna, si utilizamos un Monitor de Ritmo Cardiaco, no tendremos que preocuparnos de tantos detalles ajenos a nuestra voluntad; sólo será necesario verificar la pantalla de nuestro MRC cada pocos minutos para evaluar la respuesta de nuestro organismo ante cualquier tipo de eventualidad adversa. El ritmo del corazón refleja fielmente las reacciones de nuestro cuerpo ante todo lo que ocurre dentro y fuera de él.

La altitud

Si realizamos jornadas de entrenamiento a una altura superior de la que vivimos habitualmente el ritmo cardiaco, inicialmente, será algo más lento. Esto sucede durante las primeras horas de adaptación y siempre que la diferencia de altitud sea inferior a 2.000 metros; por encima de esta cota o al habernos aclimatado, el ritmo cardiaco se incrementará en torno a un 10%. Cuando superamos en 3.000 metros la altura a la que estamos acostumbrados el ritmo cardiaco en reposo puede verse incrementado hasta en un 50%.

Al realizar cualquier actividad física intensa en estas condiciones podemos sobrepasar nuestra zona cardiaca de entrenamiento sin tener conciencia de ello.

La temperatura exterior

El ser humano tiene un sistema metabólico capaz de adaptar su temperatura corporal a la del medio que le rodea. Esto se lleva a cabo mediante diversos mecanismos glandulares que hacen posible que el riego sanguíneo se concentre en diferentes órganos, dependiendo de las condiciones existentes: con ambiente caluroso se desvía hacia la piel y con frío intenso hacia los órganos internos. Este fenómeno se llama Balance Térmico y puede causar incrementos en el ritmo cardiaco de reposo en más del 50%.

Estados de enfermedad

Si somos meticulosos en el control de los latidos de nuestro corazón y observamos que, antes de levantarnos de la cama, se ha incrementado en más de 10 pulsaciones nuestro ritmo habitual debemos preocuparnos. Este es un indicativo claro de que una infección puede estar desarrollándose en nuestro organismo.

Como si de un Médico de Cabecera se tratase, nuestro Monitor de Ritmo Cardiaco nos informa fielmente tanto de los estados de salud como de los de enfermedad.

Durante una crisis febril, causada por cualquier enfermedad infecciosa, el ritmo del corazón en estado de reposo se eleva hasta valores alarmantes; cuando va remitiendo la crisis el MRC nos informa de nuestra recuperación.

 

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